Con mucho gusto compartimos este excelente artículo de Alicia Silvestre:

La inspiradora Emily Murman, a quien pertenece esa imagen, explica cómo fue crecer como niña con altas capacidades. Hay toda una teoría sobre los superdotados, niños amapolas altas (tall poppy children), que realmente puede aplicarse a todo lo que destaca en un grupo escolar. Los profesores, si no tenemos cuidado, podemos cercenar las posibilidades que cada individuo trae como don a desarrollar.

Y pensando sobre los niños amapola, he recordado la clasificación de Pluess et al. (2017): la sensibilidad al ambiente en que nos criamos es algo que damos por sentado, pero no todos saben que hay individuos más reactivos a ese entorno. Como si tuviéramos poros más abiertos, a los altamente sensibles, lo que nos rodea nos afecta de modo más intenso y es procesado por un sistema nervioso y sensorial más receptivo (y en consecuencia, a veces, reactivo, pero esto puede reeducarse y canalizarse).

Miremos la naturaleza, esa maestra: hay seres que sobreviven con poca agua y otros a los que el ruido ambiental les altera. Hay seres que necesitan mucha luz y otros a los que les quema. Hay perros y gatos que se asustan con los petardos y gente que duerme con tapones en los oídos y antifaces mientras otros roncan a pierna suelta aunque haya una taladradora al lado, y pueden dormirse de pie. Hay niños que se saturan en las multitudes. Estas diferencias tienen que ver con el sistema nervioso. Hay diferencias individuales a la hora de reaccionar o responder a los estímulos ambientales, no solo en el ser humano, sino en muchas otras especies animales: «Individual differences in reactivity or responsiveness to environmental stimuli have been observed across many species, including humans» (Pluess et al. 2017).

Lo que pasa es que esas diferencias no se perciben externamente, sino que se notan en un comportamiento diverso. Así, se tacha de lento a quien tarda más que otro colega en hacer un ejercicio, pero no se piensa que el ruido le está impidiendo concentrarse (este es el día a día de muchos niños con sensibilidad auditiva acentuada), o se dice que tiene dificultades de socialización si prefiere actividades individuales o en pequeños grupos.

En la clase no hay una masa uniforme. Lo que hay entre esa mayoría de trigo no es cizaña a ser arrancada, sino semillas que contribuyen con sus frutos, colores y bellezas particulares a enriquecer nuestra visión, si nos atrevemos a abrir la mirada.

Es urgente que los profesores sepan que en sus aulas de primaria hay niños y niñas que se salen del patrón y que necesitan no solo ser incluidos y aceptados, sino valorados y estimulados en la medida de sus capacidades, sean estas altas o bajas. Como decía Montessori, además de esa franja intermedia de alumnado al que llega más o menos nuestra lección, tenemos un 20 por ciento por encima y otro por debajo que quedan fuera. Ese 40 por ciento se aburre bien porque está infraestimulado o bien porque no posee los conocimientos básicos o aprende más lento, o está pasando por una crisis afectiva que le impide estar relajado y confiante (condiciones básicas para que el aprendizaje se produzca de manera efectiva).

Abramos los ojos: no todo el monte es orégano. Ni debe serlo. Las clases son un jardín: hay muchas espigas de trigo, y entre ellas altas amapolas, tulipanes, orquídeas, cactus, dientes de león. Cada día son más heterogéneas, y brindo y celebro cada cruce y cada mezcla. Y todos esos niños con identidades culturales trenzadas, con padres y escolarización en diferentes países. Ellos postergan la saga de trazadores de puentes intergeneracionales, internacionales, interpersonales.

Muchos sobrevivirán a todos los intentos de ser cercenados. Otros perecerán por el camino, por la falta de agua (cariño y atención). Otros no llegarán a dar los frutos que contenían, porque el entorno no les fue favorecedor.

En lo que de mí depende, intento que nadie quede sin alimento para sus dones personales. Por eso en algunas de mis clases hemos hecho entrega de óscars y cada persona, al margen de las notas, ha sido reconocida en sus habilidades intrínsecas (desde la puntualidad a la buena memoria, a las habilidades sociales o a la elocuencia), y no medida con un rasero que en pro de la igualdad de trato, coarta potenciales.

No se trata de poner nuevas etiquetas, sino de entender que atendemos a una diversidad y que esa diversidad necesita herramientas y acercamientos al saber radicalmente diferentes, y que todos pueden convivir armoniosamente en un mismo espacio, si se promueve como pilar el respeto a la diferencia y a la diversidad (y si se me permite, la admiración y cultivo de la misma). Porque como decía Mafalda, con humor, «todos somos iguales, pero unos somos más iguales que otros».

Gracias a todos los profesores que vieron brillo en mí, y alentaron los dones que yo misma no veía, podando sin castrar. Estoy aquí por su amor y porque el sol sale para todos.

Silvestre soy, y quiero serlo hasta el fin de mis días.

Blog de Alicia Silvestre: http://aliciasilvestre.blogia.com/

Enlace a este artículo: http://aliciasilvestre.blogia.com/2019/111401-ninos-orquidea-en-un-mundo-de-cactus.-crecer-en-libertad.php

Fuentes:

Pluess, Michael & Assary, Elham & Lionetti, Francesca & Lester, Kathryn & Krapohl, Eva & Aron, Elaine & Aron, Arthur. (2017). Environmental Sensitivity in Children: Development of the Highly Sensitive Child Scale and Identification of Sensitivity Groups. Developmental Psychology. 54. 10.1037/dev0000406.

 

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