Todas las personas realizamos mejor cualquier tarea si nos encontramos en un estado óptimo de activación. A veces estamos por encima de ese nivel óptimo y nos sentimos inquietos, en alerta, nerviosos, con ansiedad; es entonces cuando decimos que estamos sobreactivadas. En cambio, si nos sentimos sin energía, agotadas, sin ilusión o deprimidas, nos encontramos en un estado de hipoactivación.
Nuestro sistema nervioso autónomo (SNA) puede situarse por encima o por debajo de lo que Daniel Siegel denominó “ventana de tolerancia”, según se active su rama simpática o la parasimpática. La primera se encarga de activarnos y la segunda de relajarnos.
HIPERACTIVACIÓN
Sin embargo, tal y como señaló la propia Elaine Aron, las personas diferimos en la intensidad con la que nuestro sistema nervioso se activa en una misma situación o ante el mismo estímulo. Así, lo que para la mayoría es moderadamente activador, para nosotras las PAS puede resultar enormemente activador. La tendencia a la sobreestimulación es uno de los pilares de nuestro rasgo, por lo que, en el mundo en que vivimos, es fácil que nos encontremos más sobreactivadas que las personas con menor sensibilidad. Ello puede conllevar más incomodidad y malestar, al sentirnos en estado de alerta durante mucho tiempo, generándose una respuesta de lucha/huida que puede afectar nuestro bienestar y rendimiento cotidiano. Cuando alcanzamos un estado de sobreestimulación, nuestro organismo nos advierte de que estamos en apuros, agotándose, nuestra capacidad cognitiva disminuye considerablemente, nuestras relaciones personales se ven afectadas y podemos llegar a desarrollar síntomas físicos.
Tampoco podemos olvidar que cada PAS es única y tiene detrás una historia personal diferente y, en función de las experiencias vividas, esa ventana de tolerancia varía en función del contexto interno y externo del momento. Sabemos que, cuando nos encontramos hiperactivadas durante más tiempo del saludable, acabamos abrumadas e incluso colapsadas. En esos momentos necesitamos salir de la escena para rebajar esa sobreexcitación. Reducir estímulos es una necesidad que debemos atender, ya sean ruidos, luces o aglomeraciones, o bien estímulos internos, como pensamientos recurrentes.
Nuestro cuerpo se acelera, nuestra mente se bloquea, incluso cuando no parece que haya una razón concreta, tal vez porque son tantos los factores que pueden llegar a intervenir que nos encontramos perdidas y en el caos. También puede suceder que nos encontremos sin energía para afrontar los retos cotidianos, pero que, aun así, no estemos tranquilas, sino con una mente a mil por hora, con pensamientos intrusivos e incluso obsesivos, de preocupación o miedo y ansiedad. Es por eso por lo que muchas depresiones cursan con ansiedad también. Es importante descartar los factores orgánicos como puede ser hipertiroidismo, hipotiroidismo, anemia, falta de sueño, etc.
Las PAS podemos modificar esta ventana de tolerancia, ya sea en terapia, con meditación, y, obviamente, con unos hábitos de vida saludables, como el cuidado del sueño y descanso, la práctica de ejercicio suave, el contacto con la naturaleza, y el establecimiento de límites internos y también con los demás, es decir, observar cómo son las relaciones personales que mantenemos.
La intensidad emocional y alta capacidad para la empatía, otro de los pilares de la alta sensibilidad, es muy activadora, dado que las emociones, a diferencia de los sentimientos o estados de ánimo, son más intensas y su duración más corta. Por ello es importante que las PAS sepamos regularnos emocionalmente. La regulación emocional comienza cuando somos bebés y viene fundamentalmente determinada por la regulación de nuestros cuidadores, por el estilo de apego aprendido.
La hiperactivación continuada nos produce agitación, ansiedad y mucho malestar, pero también nos agota y por eso necesitamos rebajar esa agitación. Al mismo tiempo, las PAS necesitamos mantenernos abiertas a todas nuestras emociones para poder aprender a través de la información que estas nos aportan, y así comprender cómo funcionamos y qué estrategias de regulación emocional son más saludables para nosotras.
En un tiempo pasado, en el que no se conocía formalmente la existencia del rasgo de la alta sensibilidad, algunas PAS recurrían a profesionales que prescribían psicofármacos para la ansiedad, para detener una sobreactivación que se confundía erróneamente con la ansiedad. Esa era una forma de regularnos. Otras PAS lo hacían a través de la comida, las relaciones personales no saludables, otras sustancias como el alcohol, etc. En el caso de los psicofármacos, estos pueden ser necesarios y útiles durante un corto periodo de tiempo, como complemento a una terapia. Sin embargo, sabemos que las otras formas de regulación mencionadas no son saludables.
ESTRATEGIAS DE REGULACIÓN EMOCIONAL
Tomando como referencia la clasificación de las estrategias de regulación emocional propuesta por Gross (2007), una de las más aceptadas por la comunidad científica, un estudio experimental comparativo (Martín 2020) concluyó que las PAS puntuamos más alto en las siguientes estrategias de regulación emocional: afrontamiento instrumental, abandono psicológico, altruismo, aislamiento social, rumiación, regulación fisiológica pasiva y expresión regulada.
- El afrontamiento instrumental se entiende como aquellas acciones destinadas a organizarse, planificar, hacer listas, etc., para resolver el problema. Un mayor afrontamiento instrumental podría deberse a la naturaleza reflexiva de las PAS, con una mayor conciencia de lo que ocurre y, por lo tanto, una necesidad de buscar soluciones.
- El abandono psicológico, entendido como la renuncia a manejar una situación que se percibe como incontrolable o difícil, se utiliza para evitar castigos y obtener recompensas. Dado que las PAS se sobreestimulan antes en una situación de afecto negativo, podría ser que la renuncia a ese control aporte en ese momento un menor nivel de activación del sistema nervioso.
- El altruismo como estrategia de regulación, puede explicarse desde la alta capacidad para la empatía que caracteriza este rasgo de la personalidad: los comportamientos orientados a la búsqueda del bienestar de los demás, sin esperar un beneficio a cambio e incluso cuando nos puedan perjudicar, actuarían como reguladores emocionales.
- La estrategia de aislamiento social, en cuarto lugar, también podría ser explicada desde la sobreestimulación que a las PAS les puede generar una multitud de estímulos procesados de forma profunda, y con la búsqueda, por tanto, de entornos tranquilos y con pocos estímulos para disminuir el nivel de activación.El hecho de que la mayoría de las PAS sean introvertidas también podría explicar esa necesidad de aislamiento, pero hemos de recordar que alta sensibilidad e introversión no son lo mismo y que un porcentaje menor de PAS (aprox. 30%) son extrovertidas.
- La estrategia de rumiación, como forma disfuncional de orientar la atención y focalizarse en lo negativo de forma repetitiva, puede responder a la comentada naturaleza reflexiva y concienzuda, y al procesamiento profundo de la información que caracteriza a las PAS.No obstante, también existe la rumiación con focalización en lo positivo, en el sentido de pensar o reflexionar sobre los aspectos de la vida por los que uno siente gratitud o se siente premiado u honrado. Esta rumiación ayuda a incrementar la afectividad positiva, si bien pensar mucho de forma analítica, intentando entender por qué y cómo ha ocurrido el hecho positivo, provoca una disminución del placer (Páez y Costa, 2014)
- La regulación fisiológica pasiva, o el intento de disminuir la sobreestimulación causada por la afectividad negativa a través de actividades como dormir, echarse una siesta, descansar, comer, etc., es una estrategia muy utilizada por las PAS para regular su estado anímico.

Snowy en Freepik
- La estrategia de la expresión regulada En las PAS, la expresión regulada de pensamientos y emociones puede verse facilitada por la escritura, al ser una forma de comunicación menos activadora y más relacionada con una mejor regulación afectiva que la expresión hablada.
HIPOACTIVACIÓN
En el otro extremo de la ventana de tolerancia, y como consecuencia de múltiples factores, internos y externos, las PAS también podemos encontrarnos hipoactivadas, ya sea por agotamiento físico y emocional (todo nuestro organismo), por depresión, etc. No analizaremos aquí las causas, pero sí indicaremos que, del mismo modo que para la hiperactivación se recomienda el descanso, la naturaleza, las relaciones personales sanas, entre otras estrategias, para la hipoactivación se recomienda el ejercicio suave o moderado, esto es, caminar, si es posible por espacios naturales, ya sea el campo o un parque cercano a nuestra casa.
Asimismo, las relaciones personales sanas, que ofrezcan una conversación nutritiva sobre temas de nuestro interés y no sobre lo que nos mantiene deprimidos o desanimados, suelen actuar como correguladoras de nuestro estado de ánimo.
Hablar sobre lo que nos ocurre es normal, pero no conviene hablar repetidamente sobre aspectos negativos, ya que, aunque la situación no sea presente, nuestro cerebro la procesa de manera similar que si se tratara de algo real.
En conclusión, la hiperactivación es una respuesta del sistema nervioso ante una amenaza percibida, que se produce por una sobreestimulación, como ya conocemos, cuyos síntomas son: inquietud, nerviosismo, taquicardia, ansiedad, irritabilidad, dificultad para pensar con claridad y una mayor tendencia a la impulsividad.
La hipoactivación, por el contrario, es una respuesta del sistema nervioso en las situaciones en las que el estrés nos abruma tanto que produce un agotamiento extremo, que nos puede hacer llegar incluso al colapso. Sus síntomas pueden ser sensación de vacío y apatía, falta de energía o dificultad para pensar con claridad.
En las PAS esto ocurre antes porque nuestro umbral de tolerancia es menor: esa ventana de tolerancia de la que hablábamos antes es más estrecha. Ambas son respuestas de supervivencia. Por ello necesitamos conocer bien nuestro rasgo, para así poder cuidarnos de una forma más adecuada.
Artículo: Ana Curto
Terapeuta y trabajadora social clínica
Máster en inteligencia emocional y especialista en Alta Sensibilidad
Bibliografía:
– Aron, E., (2006), El don de la sensibilidad, Ediciones Obelisco.
– Martín Curto, A., (2020), Sensibilidad del procesamiento sensorial y regulación emocional. TFM, Máster en Inteligencia emocional. Universidad de Educación a distancia (UNED). Facultad de Psicología.
– Páez, D., Velasco, C., & Campos, M. (2004). Formas de afrontamiento, mecanismos de defensa e inteligencia emocional: comparación teórica y evaluación empírica de su frecuencia y funcionalidad. Revista de Psicoterapia, 15(60), 23–46. https://doi.org/10.33898/rdp.v15i60.759
– Siegel, D.J., (2007), La mente en desarrollo: Cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser. Editorial Desclée De Brouwer.



