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Traducción de la publicación: ‘How Are Highly Sensitive Men different‘,   Traducción autorizada por la Dra. Elaine Aron a la APASE.

  • Autoría de esa publicación: Elaine Aron, Ph.D.,
  • Fecha de la publicación: 19 de julio 2021
  • Sitio web de la publicación (acceso libre): The Highly Sensitive Person, de Elaine Aron, apartado del blog).
  • Traducido del inglés por Karina Zegers de Beijl (julio del 2021)

Como algunos de ustedes saben, los hombres altamente sensibles ocupan un lugar especial en mi corazón. Me gustan mucho. Eso es en parte porque me gustaría ver esa película que quieren realizar sobre ellos. Pero, ¿qué hace que son diferentes de otras PAS o de otros hombres?

Cada vez soy más reacio a hacer generalizaciones sobre las PAS porque soy consciente de que todos ustedes varían mucho. Quiero que seas fiel a tu ser individual. (Es por eso que lamento haber hecho esos comentarios sobre el «espectro autista», con el objetivo de distinguirlos de las PAS, pero mis palabras resultaron ser hiriente para los individuos involucrados, cada uno de ellos único y algunos también PAS.) Por lo tanto, me centré en aquello que sea cierto acerca de los hombres con alta sensibilidad.

En primer lugar, los hombres AS se desarrollan bajo la influencia de genes masculinos, siendo el principal factor la testosterona. Dejando de lado el espectro de género, casi todos los hombres AS (y los hombres en general) son claramente biológicamente masculinos. (Probablemente acabo de herir los sentimientos de alguien de nuevo, pero tenga en cuenta que algunos de nosotros necesitamos un tiempo para ponerse al día.) Por supuesto, el comportamiento masculino y femenino es tal que muchos hombres hacen algunas cosas que las mujeres normalmente hacen y viceversa. Pero son las hormonas  las responsables de que los hombres con AS y las mujeres con AS sean diferentes de alguna manera. ¿Cómo interactúan las hormonas con la sensibilidad? Todavía no lo sabemos, pero está claro que lo hacen, y tendremos que aprender sobre ello. Tal vez esa sea la fase dos de la investigación.

 Mirando hacia atrás en la evolución del comportamiento masculino

Otro factor es el de la evolución, ¿qué funcionó? Sabemos que la sensibilidad funciona lo suficiente como para estar presente en el 20 o incluso el 30% de la población y en igual número en hombres y mujeres. Eso significa que los varones con alta sensibilidad han tenido éxito en reproducirse a sí mismos. ¿Cómo lo sabemos?

Sabemos que los machos humanos evolucionaron en una estrategia que se encuentra en algunas aves y en algunos otros mamíferos, que es quedarse después del apareamiento para ayudar a criar a sus propias crías. Este método de ver que su ADN pasa a la siguiente generación contrasta fuertemente con simplemente aparearse tan a menudo como sea posible con tantas hembras como sea posible y no quedarse después. Los machos que utilizan esta estrategia protegen y apoyan a su familia, la madre y los hijos, y lo hacen de varias maneras, dependiendo de la especie. Así que los hombres AS, por el solo hecho de ser hombres, son protectores y apoyan a los suyos.

Pero la investigación muestra que los individuos sensibles se protegen y se apoyan a sí mismos y a los demás de manera diferente. Las aves que son altamente sensibles no son agresivas, por lo tanto, algunos investigadores (Korte, Koolhaus y compañía si quieres buscarlo) llaman «palomas» a los ejemplares de una especie que son así, lo que a mí no me parece un término acertado. Creo que un término mejor sería «estratégico». Pero para poder compartir el resultado de este estudio, tenemos que seguir con su término.

Tenga en cuenta que estos investigadores están hablando de diferencias en ejemplares dentro de la misma especie, en este caso el carbonero común (parus major). Al otro tipo de carbonero le llamaban «halcón». Los carboneros que son del tipo paloma no son agresivas, obviamente, y exploran su entorno cuidadosamente. Los carboneros que son de tipo halcón luchan mucho y no se molestan en explorar.

Cuando hay comida suficiente, los del tipo paloma dejan que los del tipo halcón coman donde quieran y mientras que ellos forrajean en lugares menos obvios. Cuando no hay suficiente comida, ¡los del tipo paloma saben dónde está la comida! Los del tipo halcón, que no se han molestado en mirar a su alrededor, no encuentran fácilmente nuevas fuentes de alimento. Esta es una estrategia brillante, incluso si no lo hacen de manera consciente.

Creo que en los seres humanos este tipo de estrategias sí están planificadas, aunque tienen una base evolutiva. Los varones AS, como tipos de palomas o, mejor, tipos estratégicos, planifican su propia supervivencia y la de su familia. No quieren tener que pelearse por los recursos cuando las cosas se ponen apretadas, ya sea en el mercado de valores o en la tienda de comestibles. Se ocupan, si pueden, de que tengan lo que puedan necesitar. Puede tratarse de ganar suficiente dinero e invertirlo sabiamente, vivir en el lugar correcto, evitar problemas con la descendencia o evitar amenazas para la salud. (Estoy bastante seguro de que los hombres AS estuvieron entre los primeros, en promedio, en vacunarse contra el Covid-19 y, por tener cuidado, fueron hospitalizados con menos frecuencia).

Pero, ¿cómo logran los animales de tipo paloma de una especie atraer al otro sexo y aparearse con ellos sin luchar por ellos? Volvamos al Lobo Negro de Yellowstone (En Internet puede encontrar una película sobre él), que era tan inusual en su comportamiento que su ADN era atesorado por genetistas que querían estudiarlo. Era famoso por evitar la confrontación, sin embargo, como su apodo «Casanova» sugiere, se apareaba a menudo, simplemente esperando a que los machos alfa estuvieran ausentes el tiempo suficiente para embarazar a las hembras aparentemente dispuestas. Lo que intrigaba a todos era su sentido estratégico en todos los asuntos, incluida su increíble visión, que, cuando era perseguido por machos alfa enojados, cruzaba un camino pavimentado del que sabía que los otros lobos no cruzarían, y encima con muchos turistas observándole desde sus automóviles. Qué campeón. Supongo que los hombres con alta sensibilidad saben divertirse más, así como que tienen más encanto y disponen de habilidades estratégicas. Por cierto, este lobo vivió para ser muy viejo, muriendo finalmente en una pelea con otros machos. Cuida de tu espalda.

Conclusión: ¡atención, os presento otro acrónimo!

Este es para la PAS masculino:

S (strategy) para ‘estratégico´ o para el procesamiento estratégico en acción, ya que los machos deben actuar y deben vigilar a los otros machos, especialmente a aquellos que son más agresivos.

T (testosterone) para testosterona; uno no puede explicar cómo es una PAS varón pensando que es más «femenino.»

Y (yielding) para el rendimiento sabio: vivir para luchar (mejor) otro día y de otra manera, y rendimiento en el sentido de las inversiones de «alto rendimiento». (No querer entrar en la lucha tradicional puede ser malinterpretado como debilidad, pero no lo es en absoluto, ya que cuando en las artes marciales, especialmente el judo, usas el ataque del otro para derrotarle casi sin esfuerzo mientras preservas tu propia energía mental y física).

L (leadership) para el liderazgo, ya sea entre las personas (véase el artículo de John Hughes sobre ‘Por qué los HSP hacen mejores líderes’) o convirtiéndose en líderes en sus campos, en las artes, la ciencia, los negocios, el atletismo o cualquier otro campo en que se vayan metiendo, utilizando su ESTILO único.

E (empathy) para la Empatía, que se puede utilizar en relaciones cercanas y en el liderazgo, pero también en conocer, con fines estratégicos, lo que otros están buscando, a veces incluso antes de que ellos lo sepan.

P.S. HSM como sobreviviente designado

No es ningún secreto que me gusta Star Trek, todas las entregas excepto el primero que es sexista, pero no es que me guste por el aspecto de la ciencia ficción. Lo que me gusta es que todos los personajes principales son buenas personas– heroicas, amables, etc. Solo veo la televisión mientras hago mis ejercicios de fitness cada dos días, pero después de ver Star Trek durante tantos años que ya sé de sobra lo que sucede en cada episodio, necesitaba una alternativa. Netflix amablemente me mostró otras cosas que me podrían gustar, así, haciendo caso a sus sugerencias probé Designated Survivor. Me enganché al instante. Es un thriller implacable, que normalmente nunca vería y NO recomiendo a otras PAS HSP. Entonces, ¿por qué lo he mirado?

El programa trata sobre la política estadounidense: ese tipo tranquilo, que nunca en su vida se interesó por el poder o la fama, se convierte en presidente después de que TODOS del gobierno (incluso los de la Corte Suprema) mueren en un gran bombardeo durante el State of the Unión address – el discurso que el presidente de Estados Unidos dirige cada mes de enero al Congreso y al pueblo estadounidense. (¿Es esta la fantasía política secreta de todos? ¿Que empecemos de cero con una buena persona como Presidente?) No lo sabía, pero en Estados Unidos siempre hay una persona, un miembro del gabinete, que no viene al discurso del State of the Union, sino que se encuentra escondido en un lugar seguro por si pasara alguna tragedia, algo muy poco probable. Esta persona se convierte en Presidente si todos los demás perdiesen la vida.

Resulta que este «sobreviviente designado» (Kirkman, léase ‘hombre de la iglesia’) y muchos de los que lo rodean, inspirados por él, son indefectiblemente buenos y sabios, en cada situación, al igual que los equipos de Enterprise. Estaba enganchada, a pesar de que con cada episodio acabo sobreestimulada. Nunca lo veo por la noche, ¡pero mis ejercicios cada vez ocupan más tiempo! En Star Trek, el gran tema o problema que genera miedo y tensión, siempre se resuelve después de uno, tal vez dos episodios. En la segunda serie, las cosas de miedo no se resuelven y se van llevando al siguiente episodio, y se van acumulando. No es buena idea mirarla por la noche antes de dormir.

¡Finalmente no aguanté más y tuve que saltarme unas cuantas entregas  para ver si todas las buenas personas que corrían peligro todavía siguen en episodios posteriores! (Admito que hago lo mismo con cada novela cuando se hace muy tensa: leo el último capítulo. Sé que los autores deciden como acaban sus historias, y me niego a ser torturada por un autor que me haga sufrir hasta al final.)

Hoy lo entendí: soy adicta a esta serie porque resulta que este hombre que se ha convertido en el nuevo presidente, ¡es un hombre con alta sensibilidad! Y me da igual si el realizador de la serie lo sepa o no. El episodio que acabo de ver lo confirmó. En la entrega se puede ver como su esposa estaba teniendo un flashback sobre cómo él aceptó el humilde puesto del gabinete de Vivienda y Asuntos Urbanos. No era algo que quería. Era feliz siendo un simple arquitecto que planeaba viviendas asequibles. Al final sólo aceptó este puesto porque lo veía como una oportunidad para poder estar al servicio de más personas. En este episodio también vemos rabia hacia alguien en que había confiado y que resulta ser un conspirador en el bombardeo y un traidor total que le ha mentido constantemente. Kirkman dice que por primera vez en su vida siente unas ganas terribles de golpear a alguien. De hecho, le gustaría matar a este tipo, de lo que se sorprendió. Le confesó a su guarda del Servicio Secreto que nunca ha pegado a nadie, nunca en su vida. ¡Como niño de la escuela siempre fue el pacificador!

No sé si os quiero recomendar esta serie, pero háganos saber si tiene alguna manera de contactar con el productor, David Guggenheim, o con los actores (especialmente con el protagonista, Keifer Sutherland, hijo de uno de mis actores favoritos Donald Sutherland, como en ‘Gente Corriente’ (Ordinary People) y ‘Una árida estación blanca’ (A Dry White Season). Aquí estoy haciendo publicidad para su serie. Al menos deberían estar dispuestos a hablar conmigo.

imagen: Monika Kozub on unsplash.

Os presentamos esta traducción de la parte principal del Newsletter de la dra. Elaine, un fragmento de un nuevo libro que salió al mercado. Es un libro especialmente interesante para varones con el rasgo de la alta sensibilidad. Por el momento este libro no está traducido al castellano, pero viene especialmente recomendado para aquellos varones que manejan el inglés. Os acordamos del hecho del que el año 2020 fue denominado ‘el año de hombre altamente sensible’, celebrado con varios eventos presenciales (a pesar del Covid) y con videos, como el reportaje de Will Harper sobre el congreso para hombres AS. 

La APASE agradece a Nicolás López la traducción del siguiente fragmento:

Fragmento de Confesiones de un hombre altamente sensible, de Bill Allen. Capítulo 3: Ser diferente al crecer

15 de octubre de 2020, Por Elaine

 

Autor: Bill Allen

 

Callado y solitario

Yo era un niño tímido e introvertido. Uno de mis primeros recuerdos es de cuando tenía unos cuatro años. Mis padres habían cambiado de iglesia y puedo recordar claramente el primer domingo que fuimos a la nueva parroquia. Me llevaron a una sala bastante grande y dividida en zonas. Mi madre y mi padre sabían que yo no iba a entrar sin más en ese extraño lugar. Tan pronto vi que me iban a dejar con absolutos extraños me eché a llorar. Recuerdo que gritaba y pataleaba. Me sentí abandonado cuando vi a mis padres salir de la sala y desaparecer por el vestíbulo.

En algún momento me calmé. A decir verdad los profesores de la escuela dominical eran buena gente, pero no me sentía a gusto. Sé que no quería estar allí. Habrá quienes digan que fue una buena lección para mí. Tenía que dejar que mis padres se fuesen a hacer actividades de mayores, como ir a la clase de la escuela dominical para adultos, pero no estaba acostumbrado a estar fuera de mi elemento. Fue un proceso que experimenté una y otra vez los primeros diez años de mi vida.

 

Mi habitación y mis libros, una solución para el cambiante mundo exterior

Nos mudamos varias veces en mis años jóvenes. Probablemente no tanto como una familia militar, pero para mí fue suficiente. Trasladarnos fue duro; básicamente significaba que tenía que volver a empezar una vez más. No solo hacer nuevos amigos sino redescubrir mis nuevos puntos de referencia, encontrar la nueva zona de confort. No fue ese un proceso fácil para mí: yo estaba muy sensibilizado con mi entorno. Para sentirme cómodo tenía que saber quiénes eran amigos, quiénes enemigos y a quiénes tenía que vigilar. A los nueve años ya me había mudado cuatro veces, cada una de ellas tan difícil como la anterior. Cambié de escuela cuatro veces antes del cuarto curso, en algunos casos saltando de un Estado a otro distinto. Desde luego que en los años sesenta casi nunca hubo continuidad en los sistemas educativos. Me encontraba en el sur, pasando en un momento de un Estado último en educación a otro apenas dos niveles por encima…

Nunca me consideré un estudioso. No me interesaba leer historias de misterio de los Hardy Boys o libros para lectores de ficción para jóvenes; era entusiasta de una información más práctica. En 1964 mis padres invirtieron en una colección de la World Book Encyclopedia que para mí fue un regalo increíble: tenía ilustraciones y gráficos, listas y artículos que nunca antes había visto. La devoré de principio a fin, libro a libro, de la A a la Z. Pasé horas con cada uno de sus volúmenes leyendo de todo, en todas partes, aprendiendo cosas de las que nunca había oído hablar en la escuela. Era la versión 0.1 de internet y me encantó. Fue entonces, a esa tierna edad, cuando me convertí en un friki de la información…

Mi habitación era mi castillo, mi refugio, mi santuario. Pasé muchas horas jugando con soldados de juguete, soldados de plástico baratos de las tiendas K-Mart. No jugué con ellos como un chico normal, qué va; creé escenas de una película con diálogo y acción, y al final ninguno moría. No disparé a mis soldados con pistolas de balines, ni les tiré piedras para derribarlos. Ninguno saltó por los aires nunca, pero en mi cabeza había una seria orquestación de esos actores de plástico en un escenario de montañas formadas con literas, campos de batalla hechos con alfombras, búnkeres detrás de mesas o sillas, y lagos y ríos hechos con tapetes. A veces tardaba horas en preparar el escenario, los largos convoyes de tropas, tanques y jeeps. Todo eso estaba en mi cabeza. Había un rico mundo de posibilidades en mi mente.

 

Cómo evitar la humillación: convertirme en un impostor

A medida que fui creciendo, cerca ya del quinto o sexto curso, descubrí con qué facilidad me sentía avergonzado. Para mi desgracia, los chicos de clase también se dieron cuenta. Podían hacer que me pusiera rojo como un tomate con tan solo dirigir hacia mí un poco de atención no deseada. Algún chico se tiraba un pedo y después me señalaba, reprendiéndome por la grosera falta de educación. No había sido yo, pero al sentir vergüenza me ponía colorado. A la edad de once años, sonrojarse equivale a reconocer la culpa.

Desarrollé un patrón de conductas de evitación. Según me iba haciendo mayor evité las interacciones sociales, las fiestas de cumpleaños mixtas, las fiestas con piscina, las ocasiones de sentir mucha vergüenza o, tal como yo lo percibía, la humillación. Me vi evitando toda oportunidad de estar en público entre compañeros o adultos o, para ser sincero, de estar con cualquier persona. Rehuí la Little League porque cada partido era un lugar de reunión para padres y espectadores fanáticos que se retaban y que siempre se hacían de un equipo. Yo no era muy bueno jugando al béisbol, así que había muchas posibilidades de que fuera humillado.

Suena exagerado, pero para mí la humillación era algo que debía evitar a toda costa. El ego de mi débil jovenzuelo no estaba hecho para manejar la avalancha de críticas o burlas que conllevaba el meter la pata. Fue triste que mis ideas sobre mí y mi autoimagen dependieran tanto de mi mundo interior. Nunca hubo una confirmación externa porque el único lugar al que podía llegar era el mundo exterior. Y desgraciadamente no hubo nadie que me empujara con amabilidad a tantear el terreno. Eso hizo que se consolidara de por vida un hábito de evitación que estoy aprendiendo a superar.

Desde los líderes de los Boy Scout hasta los sacerdotes o entrenadores, pasando por cualquier miembro varón adulto de la familia, fui socializado para aceptar la norma dominante para el rol de comportamiento masculino, que en pocas palabras es ser un hombre de los años 60, definición de la II Guerra Mundial; amoldarse o ser rechazado. En esta elección binaria no había lugar para niños que no encajaran en ese modelo.

Sentí que vivía la vida de un impostor. Hubo mucha incongruencia entre quién era yo y lo que mostré al mundo.

 

Por otra parte…

Entre mis amigos, los chicos del vecindario, me sentía mucho más seguro. Esas interacciones fueron más de uno a uno y elegí cuidadosamente a mis amistades. Cuando mi familia se estableció en el vecindario de Carolina del Sur, donde me crié, logré un nuevo sentido de confianza en mí mismo. Descubrí que era un organizador y líder natural.

Nuestro barrio era de una apariencia casi sacada de The Little Rascals.[1] Organizamos partidos de béisbol, fútbol y baloncesto con otros barrios. Me vi siendo el que todos buscaban para saber qué estaba pasando. Construimos campamentos en el bosque, organizamos acampadas con los niños vecinos y en general pasamos veranos idílicos. Fui el que se encargaba de la organización y me gustó ese cometido.

En una ocasión decidí crear un boletín informativo del barrio y recibí una máquina de escribir para estudiantes con la que escribí historias. La madre de mi vecino de al lado era profesora de escuela e hizo copias deese boletín, para que pudiéramos distribuirlo.

 

 

Sí, en las circunstancias adecuadas y con un cierto nivel de comodidad yo podía llegar fácilmente a lo más alto. Era un chico simpático, inteligente y creía en el concepto de equipo, pero apreciaba a mis amigos como individuos. Me organizaba bien y era un buen planificador para el vecindario. Nunca fui consciente de que esas características eran talentos naturales; es solo que nunca recibí el feedback adecuado.

En las obras de teatro escolares siempre me elegían para ser el narrador, por lo general el primer muchacho en salir disfrazado, recitando nervioso mi parte, pero sin errores. Si el disfraz era ridículo yo era el primero en reír, lo cual por supuesto me resultaba embarazoso. Un año representamos una obra sobre George Washington y los padres fundadores de los Estados Unidos de América. Caminé frente al telón para empezar el espectáculo, con una rápida narración sobre el tema, luciendo una peluca hecha con bolas de algodón que cuando empezó la obra comenzó a desintegrarse. Era alto y delgado y debí de parecer ridículo, porque el público estalló en carcajadas cuando me acerqué al centro del escenario. Sin embargo me las arreglé para narrar mi texto y salir con la cara colorada pero aliviado. Se notaba mi buena memoria y mi escrupulosidad. Quizá era por eso por lo que cada año me tocaba hacer lo mismo.

Lo que aprendí fue lo que no aprendí. No aprendí a tener confianza en mí mismo ni en quien me estaba convirtiendo. Nunca aprendí a tratar con mis emociones intensas, a dejar que fluyeran sobre mí, a sumergirme y liberarlas, y no aferrarme a ellas. Luché internamente con aquellos sentimientos y nunca sentí la orientación de un hombre mayor y más sabio. No había nadie que me guiara a través del difícil proceso de expresar mis emociones, mis miedos y mis constantes preocupaciones sobre el mundo exterior…

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[1]The Little Rascals(los pequeños granujas) es una película estadounidense de 1994 sobre las aventuras de un grupo de niños de barrio. Es adaptación de la serie de cortometrajes Our Gang,de 1920, 1930 y 1940, serie que más tarde se transmitió en televisión como The Little Rascals. En Hispanoamérica ese film se tituló La pandilla: los pequeños traviesos o Los pequeños bribones; en España, Una pandilla de pillos). Fuente: Wikipedia. (N. del T.)

Blog invitado: «¿Es esto adecuado para mí?», autoría de Tom Falkenstein, psicoterapeuta y escritor, que reflexiona sobre la publicación de su libro «The Highly Sensitive Man»

22 de septiembre de 2020, por Elaine Aron

Autor: Tom Falkenstein

Durante una lluviosa tarde de la primavera de 2015, en Londres, decidí escribir un libro sobre hombres altamente sensibles. Aunque desde entonces solo han pasado poco más de cinco años, tengo la impresión de que era un tiempo completamente distinto: antes de Trump, del Brexit, del auge del populismo en la política por todo EE. UU. y Europa, y antes de la COVID-19.

En 2013 aprendí sobre el concepto de la alta sensibilidad y sobre la investigación que hay tras él y he sentido que, aunque la cuestión de la sensibilidad surgía a menudo en mis sesiones con mis clientes masculinos, no era en absoluto algo que se viera reflejado en las estanterías de las librerías: me afané para encontrar un solo libro que tratase sobre hombres y sensibilidad.

Pese a que Elaine Aron constatara que el género no tiene incidencia en la probabilidad de ser altamente sensible, casi todos los libros que pude encontrar sobre alta sensibilidad habían sido escritos por mujeres y orientados primera y principalmente a la lectora femenina (teniendo como muy indispensable excepción el último y maravilloso libro The Strong Sensitive Boy, de Ted Zeff). Así que decidí que ya era hora de que alguien escribiera la primera guía psicológica para hombres altamente sensibles.

Aunque está centrado en los hombres, es un libro que confío en que las lectoras femeninas también lo encuentren útil, y me alegro mucho cuando recibo correos de mujeres que lo han leído. La inclusión ha sido siempre muy importante para mí en cada área de mi vida y es algo que está también presente en mi escritura y en mis prácticas terapéuticas. En verdad lucho contra toda noción «nosotros contra ellos», cuando de género se trata. De modo que aunque es un libro que se centra en la masculinidad, en la sensibilidad y en los medios para la regulación emocional, es por supuesto también un libro para ti, no importa si te identificas como masculino, femenino, o de género no binario.

Tuve la gran suerte de encontrar pronto un editor aquí en Alemania dispuesto a publicar el libro, aunque algunos otros rechazaron mi propuesta aduciendo que los hombres no comprarían un libro sobre alta sensibilidad, suposición que–me alegra decirlo–resultó ser desacertada.

 

Lo que vino después fueron dos años de investigación, entrevistas y escritura, a la vez que trabajar como psicoterapeuta en Londres y Berlín, antes de que el libro se publicara por primera vez en Alemania, en 2017. Luego siguieron las traducciones al sueco, neerlandés e inglés y, aunque no ha sido El Código Da Vinci, las cifras de ventas han superado mis expectativas y las del editor. No digo esto para darme una palmadita en la espalda sino confiando en que en el futuro sean más los editores que se arriesguen con libros que podría parecer que van contra los estereotipos de género y el pensamiento normativo. Necesitamos con urgencia más libros que aborden la identidad de los varones y la masculinidad.

 

El problema de la promoción

En lo que no pensé cuando elegí presentar The Highly Sensitive Man fue que una vez el libro estuviera terminado habría que promocionarlo. Y es ahí donde las cosas se volvieron más difíciles para mí. Al ser introvertido y altamente sensible, la investigación y la escritura fueron una parte muy agradable y relativamente fácil para mí, en el conjunto del proceso. Siempre me ha gustado escribir, incluso cuando era niño. Recuerdo estar tan absorto escribiendo The Highly Sensitive Man que en una ocasión de repente me di cuenta de que llevaba tres días sin salir de casa. Pero cuando el libro se publicó por primera vez en Alemania y mi editor me sugirió hacer algunas lecturas y entrevistas con periodistas, no me pude imaginar nada peor. En cierto modo yo había creído ingenuamente que mi trabajo como escritor ya había terminado con la entrega del manuscrito final.

En mi opinión, ser un tanto reservado es útil en mi trabajo como psicoterapeuta, y es algo que me resulta fácil porque soy una persona «reservada», pero no «hermética». La idea de atraer la atención del público no es algo que me parezca especialmente tentador porque estoy bastante satisfecho con el grado de atención que me dan mis seres queridos. Al haber asistido a muchas lecturas de libros a lo largo de los años, y habiendo pasado un tiempo considerable en compañía de otros escritores, sé que para aquellos que son introvertidos, de temperamento altamente sensible y a veces tímidos, esta vertiente tan pública de su trabajo es a menudo muy difícil y puede incluso situarles en desventaja en sus carreras. ¿Por qué hoy día se espera de los escritores que también sean artistas? Sospecho que hay una razón por la que ellos eligieron con preferencia una profesión relativamente solitaria, y con frecuencia me siento frustrado por ellos.

Así pues, ¿Cómo lidié con las solicitudes de promoción? Muy sencillo: dije que no a todo, a lecturas, entrevistas e invitaciones para hablar en eventos. Simplemente no hice nada de eso. Aunque sabía que podía hacerlo (tengo alguna experiencia sobre hablar en público y he dirigido grupos terapéuticos durante varios años) y que me sentí halagado por el interés que despertó el libro, era consciente también de que me resultaría sobreestimulante y agotador.

 

Este conflicto interno fue como un dilema para mí. También a mí –otra vez ingenuamente o de forma idealista, según cómo se mire– me gustaba la idea de que el libro hablara por sí mismo, que poco a poco y con el paso del tiempo encontrará sus lectores, sin que yo estuviera dándole publicidad sin descanso, online o en eventos. Además este podría ser el único libro que yo escriba en mi vida, así que también quería disfrutar del proceso de ser un autor publicado, y no convertirlo en algo que me hiciera sentirlo como una obligación. Por lo general soy el tipo de persona a la que le gusta tener un reto y un objetivo en la vida, pero también me atrajo la idea de darme permiso para permanecer intencionadamente en mi zona de confort a la hora de publicar mi primer libro.

 

Tomando mis propios consejos sobre autocuidado

Después de unos seis meses diciendo no a todo, mi modo de verlo cambió. Por una parte, empecé a recibir algunos comentarios de hombres y mujeres lectoras que han leído el libro y les ha encantado. Además, tuvo buenas críticas y hubo editoriales extranjeras que empezaron a interesarse por los derechos de traducción. De repente me sentí casi como si el libro estuviera convirtiéndose en una persona y yo fuera su padre. Me di cuenta de que si yo no lo respaldaba y apoyaba su recorrido mundial nadie lo haría. También cambió mi perspectiva el haberme permitido a mí mismo sentir algo de orgullo por el logro de haber escrito y publicado un libro y empezar a tomar conciencia de lo importante que para algunas personas es lo que en él se trata. De pronto «quise» dejar mi zona de confort, al menos de forma intermitente.

En el libro escribo sobre la importancia del autocuidado, no solo para las PAS sino para todas las personas (una vez más, intentando evitar con cuidado el paradigma «nosotros contra ellos»), para poner límites firmes a los demás, para decir «no» más a menudo, para hacerse las preguntas importantes: ¿qué necesito? y ¿es esto adecuado para mí? En lugar de decir «no» sin más a todas las invitaciones que recibí, empecé a hacerme esas preguntas respecto a todo el proceso promocional.

¿Qué cambió en la práctica? Bueno, por ejemplo pedí a los periodistas que nos reuniéramos en lugares en los que yo me sentía a gusto y que no estuvieran demasiado concurridos. Como las videollamadas por Zoom, Facetime y Skype me producen sobreestimulación en seguida, me estresan y nunca me siento bien después de ellas, las sustituí por conversaciones telefónicas o entrevistas escritas vía correo electrónico. Me uní a las redes sociales poco convencido, pero decidí usar mi perfil en Instagram sobre todo para recomendar libros y contactar con los lectores. Cuando me invitaron a ir a Suecia para un viaje promocional, pregunté si podía elegir yo el hotel donde alojarme, uno donde ya había estado antes, que tenía un ambiente tranquilo y una estupenda y apropiada iluminación para las PAS. Y aún seguí diciendo «no» a muchos ofrecimientos, salvo que hubieraintuido que me resultarían placenteros o que pudieran resultar como un reto que me sintiera dispuesto a encarar.

Esos ejemplos podrían no parecerles importantes a algunas personas, o muy obvios a otras, pero los sentí como momentos importantes de crecimiento personal, y me aportaron un sentido de control sobre todo el proceso. En lugar de rechazar absolutamente todo encontré una solución adecuada para mí y mi temperamento.

 

Hallando tu propio equilibrio

Lo que quiero decir es que si eres altamente sensible y te ves también en una situación que no se adapta a tu temperamento, te preguntes qué necesitas y si la situación de veras es adecuada para ti. Si no lo es, quizá haya una manera de cambiar ciertos aspectos de ella paraque te resulte más agradable y menos agobiante.

Además, pregúntate si tal vez hay una parte de ti relativamente pequeña pero significativa que disfruta del desafío, que disfruta saliendo de tu zona de confort de vez en cuando. Si es así, genial: también podemos encontrar y honrar esa parte en nosotros. Si por el contrario no es así, no temas decir «no». Concédete permiso para hacerlo, nadie lo hará por ti. Parece muy obvio, y sin embargo se olvida con mucha facilidad.

 

 

Tom Falkenstein es psicoterapeuta y escritorque reside en Berlín. Su libro The Highly Sensitive Manya está a la venta.

 

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