14 de septiembre de 2021, por Elaine Aron

 

Descuida, no todo va de experiencias deprimentes, pero nosotras las PAS no podemos ignorar cosas como el acelerado cambio de los últimos años. Está el tiempo, que se ha vuelto loco con inundaciones y sequías, bosques ardiendo y humo por todas partes, con evacuaciones y pérdidas personales. Y ahora vivimos con mascarillas (o no), colas para las vacunas (o no), y la evolución de nuevos virus (nada que discutir sobre esto). Parece que vamos a tener que acostumbrarnos al cambio rápido. No sé tú, pero yo encuentro especialmente difíciles de aceptar algunos de esos cambios, como la pérdida de las queridas secuoyas por fuegos que incluso para ellas son demasiado intensos.

Algunos científicos dicen que vivimos en el Antropoceno, la era geológica que más se caracteriza por la influencia de los seres humanos en todo. Tal como he bromeado últimamente, «El cambio climático estará pronto en cartel en un teatro cercano a ti.» Al menos más seres humanos pueden por fin verlo y no simplemente deambular como dinosaurios ignorantes del cometa. (Es un chiste sobre la Era del Cretáceo).

 

La impermanencia siempre ha sido permanente

Un filósofo podría afirmar que nos encontramos en la Era de la Impermanencia, pero esa ha sido siempre una cuestión principal en filosofía, que se remonta a los primeros griegos e hindúes. ‘Impermanencia’ es una palabra que entró en mi grupo social con la popularidad del budismo. Se atribuyen a Buda muchas enseñanzas, más de las que él nunca haya tenido tiempo de decir en su impermanente existencia. Pero estamos seguros de que prácticamente sus primeras palabras tras convertirse en Buda (con sentido de iluminado) fueron que todo está cambiando constantemente, y que esa impermanencia es la causa del sufrimiento porque nos aferramos a las cosas, como la juventud o los seres queridos, o la vida en sí misma, que necesariamente habrán de irse. «Pero nunca puedes echar en falta lo que jamás creíste tener.»

Según Buda, al tomar conciencia de la verdad de la impermanencia y renunciar a todos los apegos, tal vez con ayuda de la meditación, podría alcanzarse el nirvana y liberarse del karma y del ciclo de nacimiento y muerte. Casi nada. Quizá esa no sea tu idea ni la mía de la felicidad, pero ahí está la solución de Buda.

Los hindúes también sostienen que todo es impermanente, pero para ellos no todo es una fuente de sufrimiento. En especial, el conocimiento de que uno mismo es de hecho parte del Yo (el ilimitado, absoluto permanente), es una fuente de alegría a la que, una vez más, por lo general se llega a través de la meditación. Buda diría que ese conocimiento también es impermanente, lo que quiera que sea.

 

¿Cuál es tu solución?

Creo que la mayoría de las PAS ya han encontrado una forma de manejar la impermanencia, pero para algunos de vosotros puede que sea el momento de pulsar la tecla de actualizar. No puedo ofrecerte mi respuesta porque no sería la tuya, y quizá puedas incluso mejorar las ideas de todos esos viejos.

Voy a empezar una lista y tú puedes terminarla. Algunos de los puntos se excluyen entre sí, otros no, pero incluso los que se oponen pueden utilizarse en días distintos.

  1. Haz todo lo que puedas para combatir los cambios que no te gustan. Lo que tú haces también cambia las cosas.
  2. Haz frente a la impermanencia lo justo para saber que está ahí, pero no tanto que te robe toda alegría de vivir (las PAS siempre hemos tenido que ser buenas en esto. Imaginamos lo peor y anticipamos o filosofamos). Después averigua cómo vivir aquí y ahora.
  3. Desarrolla la ecuanimidad. Como hizo buda. Desarrolla la ecuanimidad como un músculo, uno que incluso crece con la edad. Siéntelo primero con respecto a las pequeñas cosas. ¿Se ha roto algo? «Sin problema, puedo vivir si eso.» ¿El coche no arranca? «No importa. Basta con arreglarlo.» ¿Enfadado con alguien? «Sí, claro, ya me ha pasado antes, lo he sentido y lo he superado.» Y sé de cambios más importantes y difíciles. Enfádate, claro que sí. Puede que también necesites pasar a la acción. Pero enfócalo también de esta manera: «Esto es complicado, pero soy capaz de resolverlo, quizá consiga ayuda.» Músculos.
  4. Medita. Lo hago a diario (meditación trascendental) desde hace 50 años, y se hacen esos músculos, créeme.
  5. Celebra el cambio, al menos un poco. Una cosa debe irse para que otra nazca. Apuesto a que recuerdas al menos una vez en que una pérdida te pareció terrible, pero que ahora crees que fue para bien.
  6. Observa con visión de conjunto. Antes del Antropoceno existió el Holoceno (que terminó con la última Edad de Hielo; las Edades de Hielo debieron de ser divertidas). ¿Qué habrá después del Antropóceno? Quizá algo bastante bueno. Hasta ahora el avance de los ‘-cenos’ nos ha ido bien.
  7. Confía en lo permanente, lo que quiera que sea esto para ti. ¿De verdad? ¿Permanente? Sí, Platón lo hizo, al igual que otros filósofos. Conque podrías estar en buena compañía. No, no me refiero a la permanencia de los conductores groseros, sino a algo más grande. Puede que solo a las leyes de la naturaleza, que siempre están rigiendo. ¿Puedes vivir en armonía con ellas? O más grande que la mayor de las imágenes, el Uno o El que antecedió a todas las imágenes. Si te gusta rezarle a él o a sus representantes, hazlo. Una vez más, estás en buena compañía.
  8. Ahora completa la lista. Eres una PAS, está a tu alcance.

 

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Sobre la publicación del artículo original:

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imagen: Redwoods de Micael on Unsplash

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